Moral Social.

Un enorme saludo a todos los que creemos que un mundo mejor socialmente hablando es posible. Por mi parte, les comparto un completo manual de Moral Social Cristina. Las iré presentando en pequeñas entregas. Les aviso que lo haremos desde una óptica vicenciana y apuntando a un cambio sistémico. Trataremos de hacerlo de un modo profundo y riguroso, pero también agradable y ágil. Es decir, que les guste y que les sea útil.

Hay tantos problemas sociales! Así que espero que la lectura de algunos de estos temas les ayude a encontrar algunas soluciones para los problemas que enfrentan. En esta introducción vamos a comenzar por lo básico

¿QUÉ ES LA MORAL SOCIAL?

Ante todo, es una parte de la Teología Moral. Ella estudia cómo debería ser la manera óptima de convivir en una sociedad. Es una reflexión que lleva la intención de provocar decisiones que mejoren la convivencia.

Estas páginas las escribiré como sencillas meditaciones para ayudar a mejorar la vida y la convivencia. Ya que estoy convencido que no es posible cohabitar de espaldas a la ética, ya que la vida humana es constitu­tivamente moral. Me explico, un proyecto de vida, individual o colectivo, se configura ne­cesariamente en torno a unos ideales, a unos valores, que, finalmente son buenos o lastiman a los demás. Toda persona se pregunta en algún momento de su vida, ¿Esta bien o está mal lo que estoy haciendo?

Avanzamos. Al referirnos a la moral social pensamos en algunos fundamentos para plantear la sociabilidad. Por de pronto, es claro que biológicamente somos primates gregarios. Además, nuestra naturaleza racional ha fortalecido la convivencia, al descubrir todos los bienes y beneficios que nos permite el estar juntos. Digámoslo claramente, la persona humana es básicamente social. Las relaciones huma­nas no son un añadido. Ellas nos hacen lo que somos, formándonos gradualmente. Pongo algunos ejemplos: tener amigos, enamorarse, formar una familia, ser parte de una asociación, militar en un partido político, entrar en una familia religiosa, ser parte de una nación, de una asociación, son formas de unión con otros. Es cierto que el grado de intensidad que uno quiere darle a esta convivencia varía bastante de una persona a la otra. Y uno debe aceptar varios modelos válidos de convivir. Personalmente soy de trabajar grupalmente, pero también tengo varios rasgos solitarios, gracias a los cuales puedo dedicarme a investigar.

Ahora sumo un tema que desde adolescente me llamó la atención. Creo que las diversas formas de convivencia deben estar fundadas en la virtud y en los valores. Es un tema clásico, lo sé. No creo que a la virtud haya que cambiarle de nombre para que siga siendo un concepto válido. Su uso ya está instalado y sería más problemático un cambio de nominación. No tengo la vocación kantiana de cambiar los nombres de los conceptos básicos, con todo lo que respeto a Kant. Aunque sí se puede potenciar la propuesta ética con otras reflexiones morales. No creo que la virtud haya perdido su eficacia, si las tratamos actualizada y correctamente. Con lo dicho, vamos al primer tema propiamente dicho.

BASES DE LA MORAL SOCIAL: VIRTUDES PÚBLICASY FELICIDAD.[1]

En mi habitación de París, pensé bastante con qué fundamento comenzar. Tomé mate y caminé un poco por la sala. Así que me decidí a comenzar por las virtudes, pero no cualquiera, sino las públicas. Qué es la virtud? Es un hábito que me ayuda a obrar bien. Ellas mejoran nuestro actuar. Son necesarias para que algo llegue a alcanzar un grado de bondad satisfactoria. La práctica de la virtud permite al ser humano crecer en humanidad. Crecer en virtud, es crecer en humanidad. Así nomás. Por lo que concierne a lo social, las virtudes públicas mejoran la coexistencia.

Se habla mucho de educar en y para la excelencia. Este leguaje a veces resulta un tanto ambiguo. ¿De qué excelencia se habla? Personalmente, creo en la excelencia de la virtud, la cual nos encamina a uno de los bienes más enorme: la Felicidad. La cual no se limita a un bien individual. Por ser la persona naturalmente sociable y por plenificarse en la donación, la felicidad asume notas comunitarias. Lo digo por la contraria: el bien propio no puede vivirse como antagónico al bien del prójimo; ni se puede ser feliz a costa de la felicidad ajena. Dando un paso más, la felicidad implica el esforzado trabajo por incluir al otro en los beneficios.

Esto no quita que la felicidad tiene además, una dimensión personal individual. La cual, es legítima buscarla. Ésta puede asumir elementos más individuales. Les pongo un or ejemplo, navegar puede dar un contento enorme a una persona y hacer bostezar a otra. Todas las formas de felicidad pueden ser válidas… siempre y cuando respeten a la persona humana y al Bien Común. No hay duda que hay una amplia libertad en el campo individual. Es más, es positivo que en el siglo XXI se promuevan mayores espacios de privacidad e independencia. Hasta ahí todo bien.

Retomo el tema de que la felicidad tiene dimensiones más comunes. En general, las cosas que a las personas le hacen felices son bastante similares entre unos y otros. Señalo algunas: haber logrado el amor en la vida; tener amigos; tener una actividad laboral que le guste, sentirse útil, expresar su creatividad; ser fecundos teniendo y educando a los hijos; descubrir la verdad; ayudar a los otros; lograr un régimen político que sea justo y sano; conocer lugares y personas; disfrutar de la belleza; trascender; sentir placer; vivir en paz; encontrarse con Dios; estar sano; tener los bienes suficientes; etc. Ustedes cuál agregarían? No digo que una sola persona se sienta atraído por cada una de las cosas mencionadas, ya que depende de muchos factores. Pero después de años y años de trabajar con mucha gente, he captado que lo que anhelamos suele andar más o menos entre las cosas mencionadas. De las enumeradas, remarco las que más directamente incluyen a los otros, ya que todos tenemos una dimensión pública irrenunciable, grande o pequeña. Es más, a la sociedad no le hace bien que la ciudadanía se despreocupe de lo público.

Ahora les bajo de este mundo ideal que les venía proponiendo, si uno mira la historia, descubre que la humanidad tiene más problemas que espinas tiene un besugo. ¿Cómo revertir esto? Creo que si los ciudadanos adquirimos paulatinamente el amor por la virtud, los demás esfuerzos por encauzar la sociabilidad serán más asequibles. La sociedad no mejora solamente por agregar códigos o deberes, por aumentar las penas, por apelar al sentido del deber, a la emoción o por mostrar la utilidad que conlleva el no quebrar la ley. Todo lo dicho es necesario. Pero debemos apuntar a instaurar la satisfacción de obrar de acuerdo con la razón y el amor. Subrayo, el carácter positivo de la virtud. Esta se manifiesta en la serena alegría que siente el individuo al abrirse al otro, al ayudar, al involucrarse frente a los problemas de un individuo o de un grupo, más allá de los renunciamientos que suele exigir. Esto nos da el gozo de saber que estamos actuando de acuerdo con la dignidad humana. Permítanme compartirles un recuerdo: Tenía 10 años. Estaba en mi ciudad natal, Luján, en Argentina. Mi familia colaboraba con un taller para personas con síndrome de Down. El taller se llamaba «Juan XXIII». Solían hacer cajas de cartón para colocar luego camisas. Una tarde el pedido era muy grande y no daban abasto. Así que fuimos a colaborar haciendo nosotros también esas cajas. Recuerdo que pasé una tarde muy agradable, sentí que estaba haciendo algo bueno, algo que ayudaba a alguien. Esa noche me fui a dormir con una gran sonrisa…

Por tanto, apuntemos a fortalecer las virtudes públicas, primero porque ellas están bastante deterioradas en buena parte de la tierra y hay que recomponerlas. Segundo, porque su olvido lástima grandemente la convivencia. Tercero, porque tristemente una parte de los Medios de Comunicación potencia la tendencia morbosa en descubrir «escándalos» referentes a la vida privada, desinteresándose de lo público. Tendencia favorecida por celulares, drones y demás aparatología. Cuarto, en nuestro siglo XXI, el mundo vive una intensificación en la homogeneidad de las costumbres: solemos encontramos las mismas modas, así como parecidos tipos de comida, de corte de cabello, de vestimenta, de viviendas, de realizar una fiesta… Las modas se viralización, se globalización o se imponen. Sin duda, esta globalización tiene aspectos positivos y negativos.

A veces se globaliza preponderantemente el estilo de vida de los países hegemónicos. O se globalizan posturas xenófobas o violentas. Puestos a globalizar, como Familia Vicenciana que mejor que difundir las virtudes que mejoran la manera de convivir.

Quinto, (ya me enredé con la cuenta), la práctica de las virtudes públicas favorece la vida democrática. Si ella es el gobierno del pue­blo y para el pueblo, la virtud ayuda a encauzar la voluntad popular. Entendemos que gobernar es promover la virtud del pueblo. Al hacerlo bien, incluso se fortalece la benignidad de los gobernantes. Lo sé, la mayoría estamos cansados de la corrupción en la política, donde parece que la política fuera el arte de defraudar.

Soy Latinoamericano y este es un mal lo he visto, lo he padecido y me ha empobrecido. Para colmo, lo he soportado casi toda mi vida. Esta saturación que muchos sienten… es justificada y necesaria.

El peligro es caer en la resignación, la apatía o peor aún, pensar que la corrupción es imposible de resolver. Eso es lo que quieren los inmorales. Pero si la corrupción impera pueden pasar varios males: 1) Usar la democracia para explotar al pueblo; 2) Reemplazar la democracia por formas dictatoriales (y anacrónicas) de gobiernos. Que suelen instaurar otros males, bastante peores, entre ellas, la falta de libertad y autonomía. Además, son difíciles de remover ya que se apoyan en la fuerza mortal de las armas. Esto vale tanto para dictaduras de derecha como de izquierda. Piensen en algunas… Sexto, porque, así como es necesario exigirle al Estado mayor empeño y solidaridad a favor del Pueblo, la virtud también nos recuerda que cada ciudadano tiene el deber que vivir los valores sociales de manera que la justicia social se logre.

Para tener una actuación plausible en la vida pública destaco algunas virtudes que potencian la vida en sociedad. Antes de comenzar con el próximo tema de algunas virtudes concretas hago una pausa, camino por la habitación, y de paso, al mirarme al espejo me di cuenta que me puse el suéter al revés.

Les dejo algunas preguntas que pueden responder solos o en grupo. Si quieren pueden enviarme las respuestas a mi e-mail que está abajo de todo. Prometo no hacer un avioncito con ellas:

1. Te cuesta convivir? ¿En qué áreas?
2. Enumera 10 cosas que te hacen feliz.
3. ¿Cómo ves la situación política social de tu país? Si puedes, señala tres elementos positivos y tres negativos.
4. Cuáles son las virtudes más necesarias para mejorar lo político social?

[1] Cf. CAMPS, Victoria. Virtudes Públicas. Madrid. Espasa Calpe. 1990. 15-30; SABATER, Fernando. Ética como amor propio. Madrid. Mondadori.1989.

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